Pequeño Descanso.

Abril 30, 2008

Aprovecho que he terminado el capítulo 6 para descansar una semanita o dos de esta historia. Seguiré escribiendo “Épica de un nuevo mundo”, pero no lo colgaré hasta que no tengo bastantes más cosas escritas. Quizás abra una nueva “sección” donde cuelgue relatos cortos relacionados con este mundo.

Quería agradeceros todas esas visitas y esos mensajes que me dejáis. Me alegra que os guste la historia, o al menos eso espero. Toda crítica es necesaria, aunque sea completamente destructiva. Tengo 19 años, y seguiré siendo joven y aprendiendo hasta que muera.

Muchas gracias a todos.

Un saludo, Yuste.


Capítulo 6 (2)

Abril 29, 2008

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Como todos los demás, se retiró.

¿Qué debía hacer ahora el rey? Formuló la misma cuestión que tantas veces había repetido, con cierto sabor a duda paseando por su paladar. Cuando el cuarto se aproximó, seguía con la mente volcada en el anterior contrincante, en las palabras que se habían convertido en una respuesta a una pregunta muda, en una respuesta a la duda. Casi perdió el combate, por lo que se exigió concentración a sí mismo. Dudaba que hubiese un sexto combate, y si lo había, barajaría la frase del humano.

Por cierto, su habla no parecía extranjera.

El quinto no parecía más temible que los demás, pero el cansancio le nublaba la vista y le mermaba las fuerzas. Aunque no lo suficiente como para caer derrotado. No lo suficiente para perder el control.

Esta victoria le supo a gloria, y mientras su oponente se marchaba, soñó con una cama de plumas, aire acondicionado, y los dedos perfectos y profesionales de alguna fisioterapeuta su espalda.

Repitió la maldita pregunta.

<<No dejes que la mano derecha del sexto le roce. Ataque a distancia, y vencerá rápido.>>

Miró a los lados, sin observar, esperando con cautela al siguiente. Al parecer, no había siguiente.

Alguien dio un paso adelante. Al parecer, se equivocaba.

El monarca supuso que ese día pasaría a la historia como aquel en el que los combates no acababan, como aquel en el que un humano se había enfrentado a un llageet en su propio. Ya se imaginaba los titulares de las noticias de esa noche y de la prensa.

El dilema ahora era seguir o no el consejo del humano. Para ello, preparó una pequeña trampa.

Dejó que su oponente atacase primero. Como sospechaba, su mano derecha era la encargada de repartir la mayoría de los golpes. Al contraatacar con un gran número de rápidas patadas, algo inusual en el kedetaa, su contrincante parecía tener la intención de agarrarle con las falanges diestras.

El monarca retrocedió, sin sospecha alguna. Esperó a que su oponente se acercara, y cuando lo hizo, cayó de espaldas. Antes de tocar el suelo, bajo la mirada atónita de miles de personas, usó los brazos para impulsarse, y con los pies por delante, en forma de lanza, le golpeó en los brazos, y le derribó.

No era un movimiento del kedetaa, por lo que sería muy criticado, si eso le había salvado la vida, no le importaba.

-Su majestad, ¿me ayuda a levantarme? Creo que me he roto algo…-gimió el derribado.

Parecía una de esas pesadillas de nunca acabar, cuando vio el brazo derecho extendido hacia él.

-Que alguien le ayude-exclamó el rey tras un momento de reflexión-. Yo estoy exhausto, y debo reservar mis fuerzas.

Varios se acercaron, pero para entonces el hombre ya se había levantado solo sin la ayuda de nadie. Se retiró bajo la mirada mortífera de su mandatario. De no ser por el cansancio, habría jurado que maldijo en voz baja a alguien mientras se alejaba…

Formuló la pregunta de nuevo. Rezó a Dios en silencio. Sintió el frío sudor recorriendo su sobrecalentado cuerpo. Tuvo miedo en secreto.

Nadie apareció.

Se dieron por concluidos los enfrentamientos cuando el rey alzó el puño izquierdo, triunfador. Cientos de gritos de jubilo y alegría recorrieron la zona con estrepitosa fuerza, y los bailes, bajo el sol abrasador, estallaron.

Se respiraba felicidad.

No así cerca de Kilenay.

-Su majestad, no debió propinarle esa patada a su último oponente. Ciertos cargos altos de la iglesia están algo mosqueados-le informó su ministro en asuntos interiores.

-Tengo mis motivos. De hecho, quiero que persigan a ese hombre, y al humano.

-Pero, señor…

-Hazlo, por favor.

El ministro cogió su móvil e hizo una llamada. Segundos después una decena de policías hicieron acto de presencia, pues habían venido volando desde el cielo. Sus uniformes, verde oscuro, les identificaban como hombres muy cualificados. Se apartaron de la multitud y se refugiaron en el palacio, donde las gruesas paredes enceguecían la música y los cantos.

-Por orden del rey, buscaréis al humano y al ultimo combatiente, y los traeréis-ordenó el ministro.

-Permiso para hablar-dijo el policía que encabezaba el pequeño escuadrón.

-Concedido.

-Al humano ya le tenemos localizado. Sin embargo, ese último no. ¿Por qué se persigue a uno de los nuestros?

-Porque así lo ordena el rey-contestó el propio monarca-. Traédmelos por separado en cuanto los tengáis. Cuidado con la mano derecha del llageet, que no es toque.

Los policías asintieron. Varios criados abrieron la puerta, y tras usar el hechizo de levitación salieron todo lo rápido que pudieron.

-¿Ha ocurrido algo, su majestad?

Kilenay suspiró.

-Que el mundo está loco. Lo asumimos, lo sabemos, y no hacemos nada por evitarlo. Somos como perros, encerrados, obligados a vivir bajo las normas de una familia, con una correa y un collar que no nos guste, y un nombre que posiblemente odiemos. Pero lo respetamos. ¿Sabe el motivo?

-No, su majestad.

-Porque nos da miedo lo que hay más allá de lo que nuestros ojos ven. Creemos que lo que hagan los demás es lo correcto, porque nos asusta la soledad, y si cae uno, caemos todos… un todo triste, ineficaz, e innecesario, pero con alguien a tu lado que comparte tu dolor. ¿Sabe porqué la mayoría de mis ministros son ahora extranjeros?

-No muy bien, su majestad-el ministro en asuntos interiores era de los pocos llageets que tenía un cargo nombrado por el monarca.

-Porque aportan otro punto de vista. Son diferentes culturas, diferentes pensamientos. Así, mis islas gozan de riqueza.

Las puertas se abrieron para dejar paso a un policía y al humano. Este último tenía los brazos echados hacia atrás, y un gesto de dolor permitía adivinar que el hechizo de parálisis le había dejado las extremidades en una mala posición.

-Aquí lo tiene, su majestad.

-Puede marcharse, por orden del rey, pero antes cancela el hechizo.

El policía asintió y obedeció. El humano se miró las manos, y las movió un poco con la intención de desentumecerlas.

-¿Contestará a todas las preguntas que le haga su rey?-soltó el monarca la oración que debía recitar cuando hablase con gente sospechosa. En ese momento pensó que, quizás, no era su rey.

-Sí, su majestad-tal respuesta resolvió la duda.

-¿Cómo supiste lo de ese hombre?

-Simple suerte, su majestad. Escuché a uno de los combatientes hablando por el móvil con otro, y le dijo sobre lo que yo más tarde le prevendría.

El ministro mantenía los sentidos agudizados, bastante sorprendido con lo que se desarrollaba ante él.

-¿Cómo puedo saber si no eres uno más?

-No sé si podrá, su majestad. Deberá preguntarle al resto de implicados, y buscar pruebas.

-Eres un humano astuto.

-Crecí en un país lleno de astucia.

-¿En dónde creciste?

-Nací en Demie, pero crecí aquí, su majestad. Me fui de nuevo a Demie para estudiar. Vine hace varias semanas, pues mi madre está muriendo por una enfermedad, y yo soy el último que le queda.

-Lo siento.

-Gracias.

-¿Por cuánto tiempo estará aquí?-a la mente de Kilenay le vinieron otras curiosidad.

-Probablemente, me quede aquí por lo que me queda de vida si encuentro un buen trabajo.

Entonces, el rey, sin dudarlo lo más mínimo, preguntó:

-¿Querrías ser ministro?

El ministro y el humano quedaron petrificados. No comprendían que Kilenay buscaba una respuesta, y no otorgar ningún cargo. Al menos por ahora.

-Lo siento, pero no, su majestad. Demasiada responsabilidad para un humano que ha venido tras estar tanto tiempo fuera. No sería justo.

-Entiendo-esa era justo la respuesta que necesitaba.

De repente, se abrió la puerta del exterior.

-¡Hija mía!-exclamó el monarca, contemplando a su hija pequeña acercándose.

Su cabello viajó con su grácil cuerpo hasta donde tenía lugar la conversación, y sin más, exclamó:

-¿Qué ocurre? ¿Por qué estás interrogando a mi novio, padre?

Esta vez fue el propio rey quien se sorprendió.

-Lo siento, su majestad. Soy Teolem Dulesso.


Capítulo 6 (1)

Abril 28, 2008

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El sol estaba a punto de ponerse, y miles de ojos contemplaban la luminosa esfera ofuscándose tras las Torres de los Perdidos, lugar donde tiempo atrás los llageets morían bajo el yugo de sus amos. Muy pocos se atreven a entrar. Uno de esos valientes era Kilenay Liopjik, el rey de las Islas de los Gigantes.

Pero hoy no se debía pensar en otra cosa que no fuese la festividad de la Jineiai, o Tributo a la Paz, donde varios llageets, elegidos por su majestad, peleaban para demostrar que poseían el control sobre su emociones. No era una pelea violenta, era más bien una demostración de las dotes de cada contendiente en el espléndido, enérgico y pausado arte marcial de la Kedetaa, una antigua traición de los sensibles llageets, para hallar “el silencio”, un hogar cercano a Dios – un Dios distinto de los sagrados. Este arte marcial se encontraba descrito en “El arte del Silencio”, libro que, según contaba, fue parido por la paciencia y sapiencia de la deidad, y ahora descansaba una copia sobre los pies cruzados del rey.

La piel levemente azulada estaba siendo recorrida por surcos de sudor sobre los cuerpos de los asistentes.

Pronto le tocaría a él. Pronto tendría que pelear, y demostrarle a su pueblo que merece seguir siendo rey. Kilenay, sin embargo, no estaba pendiente de su combate. Divagaciones acerca de su hija, de su país, y de su religión cobraban vida en una mente que perdía el autocontrol varios segundos cada día. Como monarca, no podía permitírselo.

Sentado a escasos metros del tatami donde tenía lugar la pelea, rodeado por miles de voces, lejanas pero expectantes, entonando una plegaria, se unió, con su poderoso tono, a ellos.

Tal hecho indicaba que poco a poco la batalla iba acabando, que debían dar lo mejor de sí mismos pues, cuando el rey callase, los golpes, las florituras, el combate, acabaría. No tardó en ocurrir tal hecho. Entonces los combatientes se detuvieron, se separaron, y se sentaron, uno enfrente del otro, con las piernas cruzadas, y las manos entrelazadas. A los segundos, tras recibir la ovación del público, se levantaron y se perdieron entre la multitud.

Kilenay, en el centro del tatami, miró a todas partes, sin observar ninguna, y exclamó:

-¿Quién es aquel que se atreve a enfrentarse al monarca?

La tradición lo pedía así. Normalmente solo uno o dos valientes se atrevían a enfrentarse al rey en una batalla en la que el primero cuya espalda tocase el suelo, perdería. Últimamente, muchos habían sido aquellos, más de cinco en los últimos años. Kilenay llegaba exhausto a los últimos, y le rezó a su Dios para poder vencerlos.

El primero fue un chico joven, seguro de sí mismo, con un físico impresionante. Se movía con gran precisión. Demasiada precisión, demasiado mecánico, demasiado previsible.

-¿Quién es aquel que se atreve a enfrentarse al monarca?

El segundo era un hombre de su edad, con mucha experiencia, pero no con la suficiente. No fallaba, no había descuidos en sus ataques, y eso hizo que el combate fuera largo. Por un golpe de astucia, el rey venció.

-¿Quién es aquel que se atreve a enfrentarse al monarca?

Entre la multitud surgió un tercero, cuyo aspecto le dejó desconcertado no solo a él, sino a todos los presentes.

<<¿Un humano?>>, pensó el monarca. << Si un humano pretende luchar contra mí, es que algo extraño pasa>>.

Parecía fuerte y enérgico, pero era mucho más bajo que él. Una barba oscura y un cabello largo ocultaban su rostro. Su mirada derrochaba seguridad. El rey sintió la necesidad de hacerle varias preguntas, pero no podía.

La batalla comenzó con un baile de dudas, y la plegaria de combate por la paz de fondo. El humano controlaba bastante bien el arte marcial, y no era para nada previsible, aunque demasiado lento. Ejecutaba perfectamente las defensas, y eso le hacía seguir de pie. Así estuvieron durante decenas de minutos, hasta que el rey le hizo una llave a su contrincante. Entonces…

-No deje que la mano derecha del sexto le roce. Ataque a distancia, y vencerá rápido.

Y el humano fue derrotado.


Capítulo 5 (2)

Abril 26, 2008

 

Tras un suspiro, Genyam se dirigió a Tenoz:

-Acompáñame, por favor.

-No-respondió con seguridad-. Tengo ensayo con el grupo. Se acerca el concurso de bandas.

-Es dentro de seis meses…-reprochó la eliona frunciendo el ceño.

-Algo menos de seis meses.

-¿Y tú, Andor?

-Siempre se te olvida que soy su bajista…-contestó la gigantesca figura.

¿Y si se lo pedía a Meinvem? No, mejor sola, con el sustituto de Lain. ¡Qué remedio!

 

Varias horas más tarde sus pies subían la enorme pirámide escalonada que constituía el centro de la Plaza de La Madre. En la cima, descansaba la inmortal e inmóvil presencia, la recompensa para sus fieles.

Más de quince minutos tardaron ambos en llegar hasta la gran estatua. Jaerik sentía como sus piernas temblaban, como le abandonaba el aliento, y como el sudor recorría su cuerpo. La necesidad de bajar y descansar germinó y creció en él. No ocurría así con Genyam. Se sentía completa, perfecta, descansada… La Madre, era su adalid.

Era una figura de cristal, representando a una mujer desnuda, de puntillas, con una mano extendida y abierta apuntando al cielo, y otra en semejante gesto, hacia la ciudad. Su cabello era fino, definido, casi auténtico. El rostro estaba vacío: ni ojos, ni boca, ni nariz…

-Diosa de los eliones…-aseguró el humano.

-Los eliones no tenemos dioses.

-¿Quién es?

Suponiendo que se refería a La Madre, le dijo:

-Te lo explicaré, pero es una historia un poco larga…

<<Nació joven, hermosa, sabia… pero en el momento equivocado.

Una cruel guerra civil azotaba Unimad Engyem, metrópoli de los eliones hace miles de años. Un hombre derramaba la sangre quizás de su hermano, quizás de su hijo, o quizás de su padre, sobre sus propias ropas, y regresaba a casa con una sonrisa de victoria, y llegaba a la cama con lágrimas de desesperanza.

Todo por una disputa fratricida, por un estúpido trono.

A un lado, Eyan Belded, hijo ilegítimo del rey fallecido. Al otro, Nadae Belded, sobrino de la reina. Ambos, posibles herederos al trono, ambos con un gran apoyo militar. Eran jóvenes, precoces, y no encontraban otra manera de solucionar su problema.

Pronto, nuestra joven dama aprendió a leer y escribir. Enviaba cada día una carta a cada uno de los posibles reyes durante años, diciéndoles que no debían combatir,que los amaba, amaba cada uno de los hogres, cada una de las pasiones, de las historias, de las caricias… No podía soportar tanto dolor.

Pasaron más de diez años humanos. La guerra no parecía tener fin.

Ambos sucesores, primero el bastardo, luego el sobrino, llamaron a la joven a dama, a que acudiera a su lado para hablar con ella. Con solo verla, al contemplar el color de su mirada, de su piel, de su cabello… quedaron prendidos.

Ambos alzaron su mano y la acariciaron con los labios, y ya no pudieron detenerse.

Ambos la desnudaron.

Ambos la amaron durante días y días, con el desconocimiento del otro.

No le importaba. Ella los amaba, y sacrificaría cualquier cosa por ellos, cualquier cosa por cualquier elion. Gracias a ello, la guerra se detuvo, demasiado preocupados en la dama como para pensar en espadas y en batallas.

Sin embargo, un día quedó embarazada. A pesar de hallarse en peligro buscó comprensión en sus amantes. Les envió una carta a cada uno explicándoselo todo. La última.

Sería la última…

Esperó, y esperó, espalda contra la pared, manos sobre su vientre plano, mirada sobre un imaginario campo de verde tonalidad donde descansase, eternamente, la felicidad… Un rugido quemó la hierba fresca, un bramido la arrasó.

El pueblo iba a por ella, con espadas, azadas, lanzas, hechizos… cualquier cosa servía para atrapar a quien se había burlado de los herederos. Estaban unidos, sí, pero ¡qué gran precio había pagado!

Huyó todo lo rápido que pudo, con los ojos encharcados en lágrimas, con las mejillas rebosantes de dolor. Buscó refugio tras la montaña, pero ya casi le pisaban los talones. A su lado pasaban bolas de fuego, rayos, flechas… incluso surgían enredaderas con intención de capturarle los pies.

No fue hasta casi en la cima cuando una poderosa llamarada la golpeó, estallando sobre ella, elevándola varios metros, y cayendo sobre el ejército de ciudadanos y soldados que la perseguían. Éstos se prepararon para acabar con su existencia de una vez por todas.

La dama se levantó, y sus ropas se esfumaron echas cenizas. Entonces gritó, gritó, y gritó.

Ellos no comprendían que había hecho. Les había salvado, ¿y así se lo pagaban?

-¿Todo esto por pretender amar a solo uno de vosotros? ¿Tanto dolor por un niño, que es una vida? El amor no es fiel a nadie, solo a quien lo entrega, y no soy un canino, soy una persona, que con una vida efímera, que ha intentado daros todo lo que ha podido, sin trataros como esclavos. Preguntaros, ¿son vuestros hijos o hijas, vuestros maridos o esposas, vuestros esclavos, o parte de vuestro corazón? No veo cadenas ni en mi pecho ni en mis brazos.

>> Pero os amo.

>> Os amo a todos.

Y uno a uno, de camino a la cima, besó los labios de todo aquel que se cruzase con ella, y jamás olvidaría el sabor de sus labios, la ternura, y la paz que jamás le abandonarían.

No podían hacerle daño, ya no.

Al final, Eyan y Nadae, con el corazón roto de dolor, la esperaban. Ella plasmó un hermoso ósculo en sus labios, y continuo.

Sobre la cima, con su vida convertida en una brisa, se puso de puntillas. Y con una mano extendida sobre el cielo, la otra, con el mismo gesto, apuntando a su pueblo, pidió:

-Estrellas, cielo, luna… amadlos y salvadlos cuando yo no pueda.

Y murió.>>

-Amadlos, dijo, cuando apenas quedaba vida en ella… Unam da… Testimonios, y la mayoría de las cartas enviadas a los reyes forman el Unamed elion. Por supuesto, hace miles de años de esto, y no muchos creen que sean reales: El Unamed elion original está escrito con la misma letra. Aunque el autor es desconocido, se desconoce si existen las cartas originales.

-Una historia muy bonita-respondió Jaerik, contemplando a La Madre- Tengo que irme. Me esperan a mí en mi casa. Gracias.

-De nada.

No se fijó de si bajaba o no el extranjero, al igual que tampoco se fijó de que alguien subía.

-Hermosa obra de arte-dijo.

Esa voz… la había escuchado antes…

-Ilian-suspiró.

Tras un abrigo, una caperuza, y unos vaqueros oscuros, se encontraba el esquelético cuerpo de su amigo, el desaparecido, el acusado de asesinato.

-Escuchame, por favor. La semana que viene, en el parking del edificio Caerine. Está a varios metros de aquí. Te espero sobre las doce de la noche. Ven sola.

Se dio la vuelta. Tan pronto como vino, se fue.

Genyam, anonadada, petrificada, contempló el descenso de Ilian.

-¿Cómo estás?-preguntó, preocupada.

Pero no respondió, cosa que más tarde comprendería la eliona.


capítulo 5 (1)

Abril 23, 2008

 

Genyam se encontraba bastante incómoda con el nuevo compañero de clase, presentado como Jaerik Oumanr, originario de Kurem, país del sur, habitado principalmente por humanos de piel oscura, y músdotos de pelaje negro. Jaerik era de los primeros, pero no era eso lo que le molestaba.

Venía a sustituir a Lain tan solo dos semanas después de su muerte, y eso le enfurecía, pues debía asumir que se había marchado para siempre. Además, al verle recordaba la pérdida, y lo peor de todo es que era la delegada, cayendo sobre ella el deber de enseñar al chico nuevo las instalaciones, y se adaptase con rapidez.

-¡Eh1 Despierta. Estás empanada-le llamó Tenoz la tención, cuando iba por el pasillo con la vista al frente, observando… nada.

La eliona se sobresaltó. Se agarró del brazo de su amigo para no tropezar con él.

-Perdóna. Es que estoy con la cabeza en otra parte.

-Nada muchacha, es normal. ¿A dónde vas?-quiso saber el humano.

-Al despacho del profesor de Programación, que se ha llevado al nuevo allí, no sé para qué, y tengo que recogerlo. Ni que fuese su niñera. ¡Me saca una cabeza!

-Para ayudarle un poco, hija mía. Debe enterarse de la mitad de lo que decimos. No habla muy bien nuestro idioma.

-Y encima lo hace flojito, que tengo que acercar mi oreja a su boca.

-Pues ten cuidado, a ver si en un descuido te la muerde o algo, y apareces al día siguiente con media oreja.

Rieron juntos unos segundos, y siguieron caminando hasta que Tenoz llegó a la puerta de la cantina.

-Te espero aquí, ¿vale?

Ella asintió.

Jaerik no tardó en salir del despacho, algo desconcertado, y con un sabor a incertidumbre en su boca. Una de sus manos acariciaba su cabello rizado. La otra sostenía una nota.

Genyam le saludó. Él le devolvió el gesto tímidamente, y le acercó el papel. La delegada, sintiéndose como una vulgar sirvienta, lo leyó. Varias páginas web y un mensaje:“visítalas, te ayudarán a lo largo del curso, si tienes alguna duda aquí tienes también mi correo…”

Ayuda extra, pensó la eliona, odiando un poco más al extranjero. Poniendo su deber por delante, le explicó, tan bien como pudo, lo que ponía.

-Yo voy a la cantina con unos amigos, ¿vienes?- <<Que diga que no…>>.

Pero asintió, y tragándose sus pensamientos

Minutos después, Jaerik acercaba dos sillas a la mesa para que ambos, recién llegados, se sentaran alrededor de los amigos de la eliona.

-¿Éste es el chico nuevo?-saltó uno de los susodichos.

Era un humano regordete pero bajito, de cara redonda y ojos pequeños ocultos tras unas finas gafas. Su rostro, agachado, comprendia el periódico local que se extendía entre sus manos. La eliona asintió y los presentó. Su nombre era Meinvem.

-Te veo cansada-apuntó Andor, el músdoto.

-No he dormido casi, tío. Me he quedado hasta tarde viendo la tele, y después me he despertado en el sofá.Por poco no vengo a primera hora.

Alboz resopló.

-Para lo que hemos hecho…

-Dios, ¡qué paranoia!-saltó Meinvem. Cuando toda la atención se centró en él, prosiguió-. Escuchad: “Entre las sombras, dispuestos a salvarnos, ocultos sus rostros por máscaras de marfil, se encuentran los Salvadores, una banda urbana en pos de la justicia, y la libertad.

>>Más que “una”, es “la” banda urbana por excelencia, compuesta por los más fuertes, los más puros, los más preparados de esta, nuestra Demie, dispuestos a limpiar las imperfecciones del mundo, retando a la mano dura de la policía si es necesario para salir adelante.

>>Nadie será capaz de detenerlos, y poco a poco eliminarán a sus enemigos, erradicarán a los infieles, y…>>

-Un segundo-le detuvo Tenoz-. Hace años que no se habla de las bandas. ¿Quién es ese tío para hablar así de una de ellas?

-Ni idea-corroboró Meinvem repasando el artículo-. Pero este tío suele escribir cosas sobre libros. Críticas, y esas cosas. Será apra llamar la atención. Seguro que en unos días escribe diciendo que ese artículo era para promocionar algún libro o algo de eso.

-A mí es que esas cosas me aburren-saltó Genyam.

-¿Los periódicos o los libros?

-Las dos cosas. Los libros son… demasiado largos, demasiado densos… Me hacen perder mucho tiempo. Prefiero un cuadro, una escultura…

-Allá tú-dijo Meinvem, disgustado.

-Hablando de esculturas-prosiguió la eliona-, esta tarde voy a ir a ver a La Madre.

-Es preciosa-saltó Tenoz, excitado como un niño pequeño.

-¿Porqué no te llevas a tu amigo, el nuevo?-salto Meinvem con cierta pícara malicia.

 


Capítulo 4(2)

Abril 20, 2008

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Acaricio su rostro, siento su aliento. Tiemblo. Nace y crece el deseo. Rozo su boca con la mía. A mi mente vienen recuerdos, imagenes, de mi mujer, de mi familia. Mi corazón se congestiona.

¡No! ¡Fuera!

Necesito una venda que cubra lo que Dios me ha entregado. Necesito retarle. Si tanto me ama, ¿porqué me trata así? Si Dios me dio la libertad, ¿por qué me pide obediencia?

La beso. Me besa. Su lengua lucha contra la mía, en una liza de placer olvidado, en la magia del primer beso, en la magia de lo desconocido.

-Ven-me dice. Me coge de la mano y me arrastra afuera-. Quiero llevarte a un sitio…

Me sonríe pícaramente, mordiéndose el labio.

Me conduce hasta su coche, y me hace viajar a un lugar desconocido. Para mantenerme callado me acaricia la entrepierna. Casi siento su piel sobre mi sexo, y sin más, olvido el tiempo.

El coche se detiene. Ella presiona el claxon dos veces.

¿Cuál es el motivo?

Abro los ojos: La oscuridad me rodea. Una farola, a lo lejos, me hace ver que estoy entre tres paredes, como en un túnel.

-¿Dónde estamos?-pregunto con timbre nervioso.

-En la zona negra.

Ella sale del coche y silba. La excitación aferra mi corazón con fuerza. Algo extraño se irrita en mi interior. Abro la puerta. Salgo de mi prisión de metal, buscando el exterior.

Toda luz se apaga. La única salida se cubre de sombras. El terror, con su hercúlea fuerza, me derriba, cual león, con su cresta de fuego. Decenas de figuras me rodean.

Tales sombras son ciertas. Tales sombras de carne y hueso. Tales sombras son personas.

-Por favor, no tengas miedo, no vamos a hacerte daño. 7, 8, levantadle.

Abro los ojos. Varias manos se extienden hacia mí, abiertas, amables. Actuo con lentitud, pero al poco, de pie, veo a los que me han ayudado. Un humano y un vidi, con una máscara blanca, mostrándo un número en rojo. Dudo que sean mayores de edad.

La voz de la chica surge entre todas, a mi espalda, avanzando poco a poco, perdiéndose entre las sombras.

-Aquí tienes al periodísta. El hijo de puta piensa como todos, y lo peor es que está casado. Le pegaría una patada ahora mismo…

-Nada de patadas, 15.

Esos número, esas formas de aparecer, de proceder…

¿Será una banda urbana?

Soy periodista, y trabajo en un periódico escribiendo una columna de trescientas palabras sobre literatura, y en ocasiones de opinión. Por todo esto, gracias a varios compañeros he escuchado y visto fotos de diversas bandas, pero ninguna coincide con lo que se muestra ante mi. De hecho, uno de los motivos por los que no se habla de estas microsociedades se debe a que ellas ayudan a Demie desde hace un tiempo.

-¿Qué queréis de mi?

-Necesitamos tus dotes de periodista, y tu puesto columna-contesta quien parece ser el líder, una voz entre la oscuridad, acercándose poco a poco.

-¿Cómo?-pregunto incrédulo.

-Queremos que escribas sobre nosotros.

Es humano, de tono portentoso, recientemente adulto. Es compasivo, pero pasional. En su máscara no hay número.

-Queremos darte información para que tu columna refleje lo que nosotros pensamos acerca de esta sociedad, de nuestra sucia Demie. Queremos que inundas el diario de nuestra ideología, queremos que manipules la mente de esos perdidos. Queremos fuerza, contundencia, ¡la ciudad en nuestras manos!

-Eso es una locura… puedo llegar a perder mi trabajo…

-No lo perderás.

-Nadie me hará caso. Habrá sido una perdida de tiempo. Mi voz es muy débil.

-Serás un virus. Diminuto pero mortal.

¿Y si tienen razón? ¿Y si pueden hacer que todo cambie? No, ¡por Dios! ¿Qué estoy pensando?

-Habrá recompensa-¿Recompensa? Afino mis sentidos-. Tu libro será publicado.

Eso ya es otra cosa.

-¿Cómo podéis hacer eso?

-Tengo poder.- Y ninguna de las palabras que dijo hasta entonces habían parecido tan ciertas.


Capítulo 4 (1)

Abril 12, 2008

Me siento extraño con una copa en la mano y contándole mi desastroso día a una completa desconocida. Intuyo que no le importa, que será una de esas veinteañeras buscando una noche de sexo con un desconocido, cansada tanto de los hombres como para dedicarse únicamente a uno. Egoista e inteligente decisión. Lo veo bien, si fuese mujer, haría lo mismo.

Además, es guapa. Una hermosa humana de ojos preciosos, hijos del mar, y cabello del atardecer. No comprendo como puede acercarse a un vidi que roza los treinta años. Estoy viejo, pero el alcohol no me deja ver la verdad. Me hechiza su sonrisa, y le narro mi fatídico día.

-Soy escritor y periodista. Desde niño he deseado escribir historias maravillosas, llenas de emociones, de aventuras… con al menos una pizca de originalidad…

<<Dos años. Tardé dos años de mi vida en escribir ese libro, de un género que yo bauticé como “fantasía”.

Hace cerca de dos semanas envié un par de copias de la obra a una editorial de Demie. Esta mañana me han llamado, pidiéndome que acuda en cuanto pueda al edificio para comunicarme su decisión. Poco después estaba allí, henchido de ilusiones, con una amplia sonrisa, nervioso como un padre primerizo. El libro era mi vástago intelectual.

Me condujeron a un despacho donde una vidi de mediana edad me recibió con cortesía. No me gustó la atmósfera que me rodeó: cuatro paredes cargadas de estanterías que representaban hitos de la literatura. Reinaba casi la oscuridad, quejumbrosa y siniestra, a pesar de ser medio día. El miedo era mi compañero. Mis labios saborearon algo amargo.

Las dos copias descansaban sobre la mesa. Detrás de ésta, la mujer alzó la voz:

-Siéntese, señor Ilned. -Tras obedecer, sus ojos se fijaron en mi con severidad. Entrelazó los dedos, dibujó dolor y compasión en su rostro, y dio su veredicto-: Lo sentimos, pero no vamos a publicar su libro. Después de leerlo, tres socios más y yo, hemos visto que no concuerda con nuestra filosofía. No solo eso, además, le falta un poco para ser un buen libro. Lo sentimos. Pero le animamos a que lo siga intentando.

Mi figura fue piedra unos segundos. Inerte sentido le vi a la vida. Cogí las dos copias, di media vuelta, con intención de irme…

Y justo entonces me di cuenta de una cosa.

-¿Qué le parece el final?

-Está bien elegido-contestó la mujer, sin arriesgarse en su criterio.

-¿Y que muera el personaje protagonista?

-Un poco precipitado, pero eso conmueve más al lector.

-Pues se va a conmover poco… No ha leído el libro, ¿verdad? Solo las primeras páginas parecen usadas.

La vidi, seria, me miró a los ojos furtivamente. Vio que en los míos no había piedad, sólo ira.

-Lo siento, pero su libro es demasiado… disparatado y extravagante-confesó.

-Es “fantasía”. Es novedad, originalidad…

-¡Por Dios! No sea ingenuo. Una cosa es originalidad, y otra pretender que al público le guste un libro centrado en un mundo imaginario donde la hechicería no existe, llevan a cabo sus guerras únicamente con tecnología, y lo más grave: ¡Habitado sólo por humanos!

-¿Porqué no? Estoy cansado de los tópicos: de los héroes, del poder del amor, de objetos todopoderosos, del morbo para llamar la atención, de la reiteración…

-Además, apenas usa recursos estilísticos… Y las pocas referencias que hace no son hacia clásicos de nuestra literatura, sino a películas, novelas gráficas…

-Tiene estilo propio, filosofía propia…

-Es una tontería que no se puede vender-estalló la vidi, desemascarándose por completo.

En ese momento lo comprendí todo. No importaba la calidad de mi libro, tuviese la que tuviese. El dinero mueve el mundo. En el ranking de libros la mayoría eran historias de amor, biografías de famosos, o sagas de estúpidos niños hechiceros. Presentar al mundo una historia de ciencia ficción diferente, tal y como se presentaba el panorama, era un suicidio.

Salí de allí dando un portazo.

Cuando llegué a casa, mi esposa me esperaba con una tímida sonrisa que no pude apreciar, convertida en consolación cuando observó mi rostro.

Me tumbé en el sofá y le comuniqué lo evidente, dejando las dos pesadas copias sobre el suelo, observando el cielo, llevándome una mano a la frente.

Ella se puso a mi lado, me abrazó, y comenzó a llorar.

-Hoy he ido al ginecólogo… y… y… soy estéril, cariño, no podemos tener hijos. Lo siento, lo siento mucho…-soltó sin más, pillándome desprevenido.

En ese momento sentí la necesidad de abandonarlo todo. Aspiré mi orgullo, mi egoísmo, la aparté de mi y me senté. Los dedos sobre mi sien indicaban un mundo que se estaba consumiendo, una ilusión.

Entonces cogí las dos copias, me levanté y dije:

-Voy a seguir intentándolo.>>

-…Durante el resto del día y hasta hace unos diez minutos he estado dando vueltas con el coche, buscando editoriales. Sólo hay dos más en toda Demie. Ambas me dijeron que no podían arriesgarse a vender libros tan grandes, de un género y un autor desconocido. Necesitaba refrescarme un poco, olvidarlo todo.

-Pobrecito.

La mujer, que había escuchado la historia con más interés del que jamás pensé que pudiera prestar, conduce una de sus delicadas manos hasta mi hombro. Pronto siento el tacto de su dulce piel sobre mi cuello.

-Y con tu mujer, ¿qué vas a hacer?

-No lo sé. Los dos teníamos la ilusión de tener niños. Pequeños vidis que encaminen sus vidas mucho mejor que el inútil de su padre.

-No digas eso, no eres inútil-me anima-. Eres muy simpático, y muy guapo también.

Giro mi rostro hacia el de la muchacha, y nuestras miradas se enfrentaron. Leo sus emociones, sus pensamientos, como un libro abierto. Repaso cada una de sus páginas, de sus párrafos. Ella sabe lo que estoy haciendo, y le encanta.

Me acerco a sus labios.

-Tú tampoco estás nada mal.


Capítulo 3(4)

Abril 6, 2008

El mismo punto de reunión, los mismos participantes. Blanco, como siempre, dio la bienvenida.

-A modo de conclusión, debo añadir varias cosas.- El jefe nunca había añadido nada, nunca…- Algunos de los que están contemplando esto son parte de una pantomima, de una traición. No deberían estar aquí. ¿Podéis dar un paso adelante?

El miedo se congeló en nuestras gargantas. ¿Había traidores entre nosotros? Maldita sea… ¿cómo era eso posible? Y lo más importante, ¿por qué?

-Dad un paso adelante-ordenó imperioso Blanco.

No creo en Dios, pero en ese momento recé para que todos fuesemos estatuas, inertes figuras de esperanza. El sagrado creador no me escuchó: Siete eslabones se pusieron al frente. Eran miembros más o menos nuevos, salvo uno.

-Sombra…-susurraron los inocentes al unísono, los pocos que quedábamos.

Sombra era el ojito derecho de Blanco, el encargado de los eslabones cuando el jefe no podía por una razón o por otra.

-Te concedo la palabra.

-No, ya no me concedes nada-aseguró con rotundidad. Al contrario que Blanco, Sombra era muy temperamental-. Ya no. Además, yo tengo las cosas claras. Eres tú el que debería preguntarme.

-¿Puedo saber el motivo?

-Lo sabes de sobra. Tanto nosotros como muchos otros que no estamos aquí deseamos volver a lo de antes.

-¿Antes? Como antes, la mitad estaríais muertos o encerrados. ¿Es eso lo que quieres?

Sombre dio un paso y dibujó una mueca de ira y disgusto, apretando los puños, y alzando la voz.

-Antes solo nos servíamos a nosotros mismos. ¿Ahora qué somos? ¿Héroes? Odio a los héroes con todas mis fuerzas. Seguimos sin ser… invulnerables contra la poli. Cada poco tiempo cogen a alguno de nosotros para interrogarnos. La última vez fue la semana pasada.

-Y nunca han conseguido nada. Hemos sido lo suficientemente astutos como para cubrirnos la espalda

-¿Y qué importa eso?- Todos dimos un paso hacia atrás a causa del portentoso grito. Todos salvo Blanco, claramente- ¿No estarás esperando a que alguno de nosotros muera, o nos pillen, para darme la razón? Así es, uso tus propias palabras contra ti. Ahora somos miembros de algo nuevo, algo poderoso.

-¿Tú serás quién les dirija?

-Ah, no. Yo no tengo las… habilidades características para hacerlo.

Blanco miró al resto de traidores, buscando un atisbo de liderazgo en alguno de ellos.

-¿Quién será? Aquí sólo veo espías, y traidores.

-No nos llames traidores, llámanos “salvadores”. Puede ser que seamos espías, pero hemos sido tantos para saber más cosas de vosotros. Los últimos robos, atracos, y movimientos en el tráfico de drogas eran nuestros, y gracias a tu confianza hemos conseguido eludir vuestros ataques-Sombra dibujó una sonrisa burlona.

-Lo mato…-dijo Viejo dando un paso adelante.

-Quieto, deja que se vayan-intervino Blanco rápidamente-. Estamos en igualdad de condiciones, y no quiero agresiones, ni heridos, ni nada por el estilo. Déja que huyan con sus sueños de niño pequeño, y sus intenciones de ser dioses…

-¿Irnos?-volvió a tomar la palabra Sombra-. De acuerdo, pero antes, unas palabras que nuestro líder quiere dedicarte: “Bienvenido al fin del mundo.”

Y se fueron.

No sé quien entendió tales palabras, pero la incertidumbre recorrió nuestras entrañas mientras veíamos a los traidores largarse, y a un líder, que era un dios, convertirse en una estatua de blanca cera.

Poco tardó en recuperar el color.

-Viejo, Gato, Pesa y Literato, quedaros. A los demás, deciros que no os preocupéis. Espero que optéis por la opción correcta y no caigáis en la corrupción ni en lo fácil. Al parecer ha nacido una nueva banda, y debemos tener mucho cuidado. No sabemos mucho de ella. Pronto se os serán encomendadas nuevas taréas. Marchaos, y no permitáis que os destruyan con falsos anuncios de salvación.

Cuando se hubieron ido, Blanco se apoyó en la pared, meditabundo, con la mirada estudiando el cielo de cemento. Suspiró.

-Pesa, quiero que elijas a los cinco chicos más fuertes y leales de los eslabones. Seréis los Perros, y haréis una ronda cada dos días por los lugares que yo os diga, vigilando, oliendo, y si hace falta, atacando. Ya puedes retirarte.

-Gracias por concederme este honor, Blanco-asintió orgulloso, y se marchó.

-Viejo, quiero que dobles la actividad con tus contactos y tus comercios. Necesito saber quién se pone del lado de esos salvadores. Ya puedes retirarte. Literato, tú también.

Viejo estaba tan cabreado con lo sucedido que directamente se marchó, seguido de mi. Solo abrió la boca cuando me preguntó si quería que me llevase a mi casa. Le dije que sí.

-¿Qué quiere decir “Bienvenido al fin del mundo”?-le pregunté con algo de temor.

El hombre suspiró y me dijo:

-Eso me gustaría saber. Pero algo malo debe de ser cuando ha conseguido que Blanco haga “honor” a su nombre.


Premio Calidez.

Abril 3, 2008

Es la primera vez que posteo en el blog para algo más que para dejar un retazo más de esta inmensa y compleja historia, pero esta ocasión lo requiere, pues me han sido otorgados dos premios de esos “enlaza blog”, y la verdad, me ha gustado bastante recibirlos. De esta manera me toca pegar las reglas y premiar a diez personas… No seré tan complejo como “sinblancaporelmundo” (http://sinblancaporelmundo.wordpress.com), que fue uno de los que me premio (Muchas gracias), e iré más a lo sencillo, como Aydsu (http://aydsu.wordpress.com) (la otra persona que me ha premiado, y a la que le agredezco el apoyo).

REGLAS DEL PREMIO
* Publicarlo en un post haciendo relación al autor y blog de quien te lo otorga.
* Hacer un enlace al blog citado.
* Elegir cinco blogs en los que consideres similares cualidades (calidez) que aquellas por las que lo recibes.
* Enlazar los blogs nominados.
* Hacer constar estas reglas.

Ahora, mis premiados.

 http://lacasadelpoio.wordpress.com

http://blogderandy.wordpress.com

 http://con2bolas.blogspot.com

 Ya sé que hay tres en lugar de diez, pero por lo pronto no recuerdo ninguno más. Si a alguien más le interesa, que pase por mi blog, le visitaré, y si lo veo bien le daré el premiecito. Saludos.


Capítulo 3 (3)

Abril 3, 2008

Después repasamos los asuntos que se habían expuesto en la reunión anterior. Una tanda de diálogos similar a la vista, donde se afirmaba, se confirmaba, o se modifica cierta información. Pronto nos dedicamos a hablar del dinero que habíamos blanqueado en los comercios que están bajo el control de los eslabones: algunos restaurantes, y establecimientos de comida rápida.

Nos sentimos dueños de Demie, casi como héroes. Hacemos nuestra propia ley. En algunas ocasiones incluso con el apoyo de la policía, aunque quizás porque nos tienen miedo, sin ellos saber que nosotros temblamos como influidos por un terremoto invisible al escuchar una sirena de policía.

Mejor así. En la ignorancia reside la felicidad de la mayoría de los habitantes de esta prospera ciudad. Así sea.

No hubo ningún punto más. Al final solía ceder la palabra al resto de los miembros, por si querían proponer algo, o por si conocían de alguien que pudiese ser miembro. Ese día no se dio el caso, salvo que antes de salir Blanco me llamó, y cuando todos se hubieron ido establecimos una corta conversación.

-No te entretendré mucho tiempo. Literato, eres alguien de confianza para los eslabones, ¿verdad?

-Sí, claro-afirmé.

-¿Has notado algo extraño últimamente?

Es cierto que tenemos cierta confianza entre nosotros, pero sabemos muy bien que si nos pillan, estaremos más de un año en la cárcel, por lo que nuestras palabras suelen estar teñidas de nerviosismo y dudas, al igual que los pensamientos que brotaban en ese momento.

-No, la verdad es que no… Hemos venido todos, y los problemas se han resuelto bastante bien. En la anterior reunión lo mismo. Va todo como la seda.

Asintió, algo decepcionado.

-De acuerdo. ¿Cuánto tiempo libre tienes, Literato?

-Últimamente poco. Pero por los eslabones… lo que haga falta. Solo trabajo a la hora de blanquear el dinero, y me gustaría aportar algo más…

-Escribe.

-¿Cómo?

-Quiero que escribas. Para nosotros, para los eslabones. Quiero que hagas un diario donde cada día imprimas en él lo que nos ocurra, ¿de acuerdo? En él escribe lo que creas conveniente, no habrá restricciones. Nadie, salvo tú, debe tener acceso a ese diario, que debe ser escrito a mano. Pero, por favor, que refleje nuestro espíritu.

 

Ya es tarde, y mañana por la noche debemos reunirnos. Cuando vuelva, ten por seguro que tendrás más información.

Por cierto, antes de que se me olvide, hoy es “12 de Octubre”.

  

13 de Octubre.

Casi rozando la medianoche, llegando de manera inconsciente al futuro, me mantengo casi frío, exhausto de emociones. Me siento confundido, extremadamente perdido. Blanco tenía razón, algo estaba pasando, y no he conseguido darme cuenta. Sin embargo, he seguido al lado de mi jefe, y así será siempre.

Maldita sea, me estoy adelantando.

Afina tus oídos porque esto es, al menos para mí, muy impactante.