Capítulo 3(4)

El mismo punto de reunión, los mismos participantes. Blanco, como siempre, dio la bienvenida.

-A modo de conclusión, debo añadir varias cosas.- El jefe nunca había añadido nada, nunca…- Algunos de los que están contemplando esto son parte de una pantomima, de una traición. No deberían estar aquí. ¿Podéis dar un paso adelante?

El miedo se congeló en nuestras gargantas. ¿Había traidores entre nosotros? Maldita sea… ¿cómo era eso posible? Y lo más importante, ¿por qué?

-Dad un paso adelante-ordenó imperioso Blanco.

No creo en Dios, pero en ese momento recé para que todos fuesemos estatuas, inertes figuras de esperanza. El sagrado creador no me escuchó: Siete eslabones se pusieron al frente. Eran miembros más o menos nuevos, salvo uno.

-Sombra…-susurraron los inocentes al unísono, los pocos que quedábamos.

Sombra era el ojito derecho de Blanco, el encargado de los eslabones cuando el jefe no podía por una razón o por otra.

-Te concedo la palabra.

-No, ya no me concedes nada-aseguró con rotundidad. Al contrario que Blanco, Sombra era muy temperamental-. Ya no. Además, yo tengo las cosas claras. Eres tú el que debería preguntarme.

-¿Puedo saber el motivo?

-Lo sabes de sobra. Tanto nosotros como muchos otros que no estamos aquí deseamos volver a lo de antes.

-¿Antes? Como antes, la mitad estaríais muertos o encerrados. ¿Es eso lo que quieres?

Sombre dio un paso y dibujó una mueca de ira y disgusto, apretando los puños, y alzando la voz.

-Antes solo nos servíamos a nosotros mismos. ¿Ahora qué somos? ¿Héroes? Odio a los héroes con todas mis fuerzas. Seguimos sin ser… invulnerables contra la poli. Cada poco tiempo cogen a alguno de nosotros para interrogarnos. La última vez fue la semana pasada.

-Y nunca han conseguido nada. Hemos sido lo suficientemente astutos como para cubrirnos la espalda

-¿Y qué importa eso?- Todos dimos un paso hacia atrás a causa del portentoso grito. Todos salvo Blanco, claramente- ¿No estarás esperando a que alguno de nosotros muera, o nos pillen, para darme la razón? Así es, uso tus propias palabras contra ti. Ahora somos miembros de algo nuevo, algo poderoso.

-¿Tú serás quién les dirija?

-Ah, no. Yo no tengo las… habilidades características para hacerlo.

Blanco miró al resto de traidores, buscando un atisbo de liderazgo en alguno de ellos.

-¿Quién será? Aquí sólo veo espías, y traidores.

-No nos llames traidores, llámanos “salvadores”. Puede ser que seamos espías, pero hemos sido tantos para saber más cosas de vosotros. Los últimos robos, atracos, y movimientos en el tráfico de drogas eran nuestros, y gracias a tu confianza hemos conseguido eludir vuestros ataques-Sombra dibujó una sonrisa burlona.

-Lo mato…-dijo Viejo dando un paso adelante.

-Quieto, deja que se vayan-intervino Blanco rápidamente-. Estamos en igualdad de condiciones, y no quiero agresiones, ni heridos, ni nada por el estilo. Déja que huyan con sus sueños de niño pequeño, y sus intenciones de ser dioses…

-¿Irnos?-volvió a tomar la palabra Sombra-. De acuerdo, pero antes, unas palabras que nuestro líder quiere dedicarte: “Bienvenido al fin del mundo.”

Y se fueron.

No sé quien entendió tales palabras, pero la incertidumbre recorrió nuestras entrañas mientras veíamos a los traidores largarse, y a un líder, que era un dios, convertirse en una estatua de blanca cera.

Poco tardó en recuperar el color.

-Viejo, Gato, Pesa y Literato, quedaros. A los demás, deciros que no os preocupéis. Espero que optéis por la opción correcta y no caigáis en la corrupción ni en lo fácil. Al parecer ha nacido una nueva banda, y debemos tener mucho cuidado. No sabemos mucho de ella. Pronto se os serán encomendadas nuevas taréas. Marchaos, y no permitáis que os destruyan con falsos anuncios de salvación.

Cuando se hubieron ido, Blanco se apoyó en la pared, meditabundo, con la mirada estudiando el cielo de cemento. Suspiró.

-Pesa, quiero que elijas a los cinco chicos más fuertes y leales de los eslabones. Seréis los Perros, y haréis una ronda cada dos días por los lugares que yo os diga, vigilando, oliendo, y si hace falta, atacando. Ya puedes retirarte.

-Gracias por concederme este honor, Blanco-asintió orgulloso, y se marchó.

-Viejo, quiero que dobles la actividad con tus contactos y tus comercios. Necesito saber quién se pone del lado de esos salvadores. Ya puedes retirarte. Literato, tú también.

Viejo estaba tan cabreado con lo sucedido que directamente se marchó, seguido de mi. Solo abrió la boca cuando me preguntó si quería que me llevase a mi casa. Le dije que sí.

-¿Qué quiere decir “Bienvenido al fin del mundo”?-le pregunté con algo de temor.

El hombre suspiró y me dijo:

-Eso me gustaría saber. Pero algo malo debe de ser cuando ha conseguido que Blanco haga “honor” a su nombre.

3 comentarios para “Capítulo 3(4)”

  1. Magui Dice:

    Espero que esta historia siga así. Supongo que dará para mucho, asi es que no creo que pueda aburrirme. Esto de llevar tres historias a la vez y ver como se entrelazan me encanta. Ánimo y besos!!

  2. katanha Dice:

    me encantan estas lecturas….

    eres bueno…

    nunca has pensado en escribir un libro??

  3. sailem Dice:

    Estoy de acuerdo con lo de publicar tu libro amigo, te recomiendo este sitio para que pruebes http://www.librosenred.com/

Escribe un comentario