Tras un suspiro, Genyam se dirigió a Tenoz:
-Acompáñame, por favor.
-No-respondió con seguridad-. Tengo ensayo con el grupo. Se acerca el concurso de bandas.
-Es dentro de seis meses…-reprochó la eliona frunciendo el ceño.
-Algo menos de seis meses.
-¿Y tú, Andor?
-Siempre se te olvida que soy su bajista…-contestó la gigantesca figura.
¿Y si se lo pedía a Meinvem? No, mejor sola, con el sustituto de Lain. ¡Qué remedio!
Varias horas más tarde sus pies subían la enorme pirámide escalonada que constituía el centro de la Plaza de La Madre. En la cima, descansaba la inmortal e inmóvil presencia, la recompensa para sus fieles.
Más de quince minutos tardaron ambos en llegar hasta la gran estatua. Jaerik sentía como sus piernas temblaban, como le abandonaba el aliento, y como el sudor recorría su cuerpo. La necesidad de bajar y descansar germinó y creció en él. No ocurría así con Genyam. Se sentía completa, perfecta, descansada… La Madre, era su adalid.
Era una figura de cristal, representando a una mujer desnuda, de puntillas, con una mano extendida y abierta apuntando al cielo, y otra en semejante gesto, hacia la ciudad. Su cabello era fino, definido, casi auténtico. El rostro estaba vacío: ni ojos, ni boca, ni nariz…
-Diosa de los eliones…-aseguró el humano.
-Los eliones no tenemos dioses.
-¿Quién es?
Suponiendo que se refería a La Madre, le dijo:
-Te lo explicaré, pero es una historia un poco larga…
<<Nació joven, hermosa, sabia… pero en el momento equivocado.
Una cruel guerra civil azotaba Unimad Engyem, metrópoli de los eliones hace miles de años. Un hombre derramaba la sangre quizás de su hermano, quizás de su hijo, o quizás de su padre, sobre sus propias ropas, y regresaba a casa con una sonrisa de victoria, y llegaba a la cama con lágrimas de desesperanza.
Todo por una disputa fratricida, por un estúpido trono.
A un lado, Eyan Belded, hijo ilegítimo del rey fallecido. Al otro, Nadae Belded, sobrino de la reina. Ambos, posibles herederos al trono, ambos con un gran apoyo militar. Eran jóvenes, precoces, y no encontraban otra manera de solucionar su problema.
Pronto, nuestra joven dama aprendió a leer y escribir. Enviaba cada día una carta a cada uno de los posibles reyes durante años, diciéndoles que no debían combatir,que los amaba, amaba cada uno de los hogres, cada una de las pasiones, de las historias, de las caricias… No podía soportar tanto dolor.
Pasaron más de diez años humanos. La guerra no parecía tener fin.
Ambos sucesores, primero el bastardo, luego el sobrino, llamaron a la joven a dama, a que acudiera a su lado para hablar con ella. Con solo verla, al contemplar el color de su mirada, de su piel, de su cabello… quedaron prendidos.
Ambos alzaron su mano y la acariciaron con los labios, y ya no pudieron detenerse.
Ambos la desnudaron.
Ambos la amaron durante días y días, con el desconocimiento del otro.
No le importaba. Ella los amaba, y sacrificaría cualquier cosa por ellos, cualquier cosa por cualquier elion. Gracias a ello, la guerra se detuvo, demasiado preocupados en la dama como para pensar en espadas y en batallas.
Sin embargo, un día quedó embarazada. A pesar de hallarse en peligro buscó comprensión en sus amantes. Les envió una carta a cada uno explicándoselo todo. La última.
Sería la última…
Esperó, y esperó, espalda contra la pared, manos sobre su vientre plano, mirada sobre un imaginario campo de verde tonalidad donde descansase, eternamente, la felicidad… Un rugido quemó la hierba fresca, un bramido la arrasó.
El pueblo iba a por ella, con espadas, azadas, lanzas, hechizos… cualquier cosa servía para atrapar a quien se había burlado de los herederos. Estaban unidos, sí, pero ¡qué gran precio había pagado!
Huyó todo lo rápido que pudo, con los ojos encharcados en lágrimas, con las mejillas rebosantes de dolor. Buscó refugio tras la montaña, pero ya casi le pisaban los talones. A su lado pasaban bolas de fuego, rayos, flechas… incluso surgían enredaderas con intención de capturarle los pies.
No fue hasta casi en la cima cuando una poderosa llamarada la golpeó, estallando sobre ella, elevándola varios metros, y cayendo sobre el ejército de ciudadanos y soldados que la perseguían. Éstos se prepararon para acabar con su existencia de una vez por todas.
La dama se levantó, y sus ropas se esfumaron echas cenizas. Entonces gritó, gritó, y gritó.
Ellos no comprendían que había hecho. Les había salvado, ¿y así se lo pagaban?
-¿Todo esto por pretender amar a solo uno de vosotros? ¿Tanto dolor por un niño, que es una vida? El amor no es fiel a nadie, solo a quien lo entrega, y no soy un canino, soy una persona, que con una vida efímera, que ha intentado daros todo lo que ha podido, sin trataros como esclavos. Preguntaros, ¿son vuestros hijos o hijas, vuestros maridos o esposas, vuestros esclavos, o parte de vuestro corazón? No veo cadenas ni en mi pecho ni en mis brazos.
>> Pero os amo.
>> Os amo a todos.
Y uno a uno, de camino a la cima, besó los labios de todo aquel que se cruzase con ella, y jamás olvidaría el sabor de sus labios, la ternura, y la paz que jamás le abandonarían.
No podían hacerle daño, ya no.
Al final, Eyan y Nadae, con el corazón roto de dolor, la esperaban. Ella plasmó un hermoso ósculo en sus labios, y continuo.
Sobre la cima, con su vida convertida en una brisa, se puso de puntillas. Y con una mano extendida sobre el cielo, la otra, con el mismo gesto, apuntando a su pueblo, pidió:
-Estrellas, cielo, luna… amadlos y salvadlos cuando yo no pueda.
Y murió.>>
-Amadlos, dijo, cuando apenas quedaba vida en ella… Unam da… Testimonios, y la mayoría de las cartas enviadas a los reyes forman el Unamed elion. Por supuesto, hace miles de años de esto, y no muchos creen que sean reales: El Unamed elion original está escrito con la misma letra. Aunque el autor es desconocido, se desconoce si existen las cartas originales.
-Una historia muy bonita-respondió Jaerik, contemplando a La Madre- Tengo que irme. Me esperan a mí en mi casa. Gracias.
-De nada.
No se fijó de si bajaba o no el extranjero, al igual que tampoco se fijó de que alguien subía.
-Hermosa obra de arte-dijo.
Esa voz… la había escuchado antes…
-Ilian-suspiró.
Tras un abrigo, una caperuza, y unos vaqueros oscuros, se encontraba el esquelético cuerpo de su amigo, el desaparecido, el acusado de asesinato.
-Escuchame, por favor. La semana que viene, en el parking del edificio Caerine. Está a varios metros de aquí. Te espero sobre las doce de la noche. Ven sola.
Se dio la vuelta. Tan pronto como vino, se fue.
Genyam, anonadada, petrificada, contempló el descenso de Ilian.
-¿Cómo estás?-preguntó, preocupada.
Pero no respondió, cosa que más tarde comprendería la eliona.
Abril 26, 2008 a las 7:58 pm |
Trágica historia la de la eliona, acá no se cumplió eso que “el que mucho abarca, poco aprieta”
espero que no haya que esperar 14 capítulos para ver que pasa con Ilian.
sevemos
Abril 27, 2008 a las 6:53 pm |
Me he quedado muerta. Estoy deseando ver qué le pasa a la eliona porque lo has dejado en un momento interesante. ¡¡Besos y ánimo!!