Capítulo 4(2)

Abril 20, 2008

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Acaricio su rostro, siento su aliento. Tiemblo. Nace y crece el deseo. Rozo su boca con la mía. A mi mente vienen recuerdos, imagenes, de mi mujer, de mi familia. Mi corazón se congestiona.

¡No! ¡Fuera!

Necesito una venda que cubra lo que Dios me ha entregado. Necesito retarle. Si tanto me ama, ¿porqué me trata así? Si Dios me dio la libertad, ¿por qué me pide obediencia?

La beso. Me besa. Su lengua lucha contra la mía, en una liza de placer olvidado, en la magia del primer beso, en la magia de lo desconocido.

-Ven-me dice. Me coge de la mano y me arrastra afuera-. Quiero llevarte a un sitio…

Me sonríe pícaramente, mordiéndose el labio.

Me conduce hasta su coche, y me hace viajar a un lugar desconocido. Para mantenerme callado me acaricia la entrepierna. Casi siento su piel sobre mi sexo, y sin más, olvido el tiempo.

El coche se detiene. Ella presiona el claxon dos veces.

¿Cuál es el motivo?

Abro los ojos: La oscuridad me rodea. Una farola, a lo lejos, me hace ver que estoy entre tres paredes, como en un túnel.

-¿Dónde estamos?-pregunto con timbre nervioso.

-En la zona negra.

Ella sale del coche y silba. La excitación aferra mi corazón con fuerza. Algo extraño se irrita en mi interior. Abro la puerta. Salgo de mi prisión de metal, buscando el exterior.

Toda luz se apaga. La única salida se cubre de sombras. El terror, con su hercúlea fuerza, me derriba, cual león, con su cresta de fuego. Decenas de figuras me rodean.

Tales sombras son ciertas. Tales sombras de carne y hueso. Tales sombras son personas.

-Por favor, no tengas miedo, no vamos a hacerte daño. 7, 8, levantadle.

Abro los ojos. Varias manos se extienden hacia mí, abiertas, amables. Actuo con lentitud, pero al poco, de pie, veo a los que me han ayudado. Un humano y un vidi, con una máscara blanca, mostrándo un número en rojo. Dudo que sean mayores de edad.

La voz de la chica surge entre todas, a mi espalda, avanzando poco a poco, perdiéndose entre las sombras.

-Aquí tienes al periodísta. El hijo de puta piensa como todos, y lo peor es que está casado. Le pegaría una patada ahora mismo…

-Nada de patadas, 15.

Esos número, esas formas de aparecer, de proceder…

¿Será una banda urbana?

Soy periodista, y trabajo en un periódico escribiendo una columna de trescientas palabras sobre literatura, y en ocasiones de opinión. Por todo esto, gracias a varios compañeros he escuchado y visto fotos de diversas bandas, pero ninguna coincide con lo que se muestra ante mi. De hecho, uno de los motivos por los que no se habla de estas microsociedades se debe a que ellas ayudan a Demie desde hace un tiempo.

-¿Qué queréis de mi?

-Necesitamos tus dotes de periodista, y tu puesto columna-contesta quien parece ser el líder, una voz entre la oscuridad, acercándose poco a poco.

-¿Cómo?-pregunto incrédulo.

-Queremos que escribas sobre nosotros.

Es humano, de tono portentoso, recientemente adulto. Es compasivo, pero pasional. En su máscara no hay número.

-Queremos darte información para que tu columna refleje lo que nosotros pensamos acerca de esta sociedad, de nuestra sucia Demie. Queremos que inundas el diario de nuestra ideología, queremos que manipules la mente de esos perdidos. Queremos fuerza, contundencia, ¡la ciudad en nuestras manos!

-Eso es una locura… puedo llegar a perder mi trabajo…

-No lo perderás.

-Nadie me hará caso. Habrá sido una perdida de tiempo. Mi voz es muy débil.

-Serás un virus. Diminuto pero mortal.

¿Y si tienen razón? ¿Y si pueden hacer que todo cambie? No, ¡por Dios! ¿Qué estoy pensando?

-Habrá recompensa-¿Recompensa? Afino mis sentidos-. Tu libro será publicado.

Eso ya es otra cosa.

-¿Cómo podéis hacer eso?

-Tengo poder.- Y ninguna de las palabras que dijo hasta entonces habían parecido tan ciertas.


Capítulo 4 (1)

Abril 12, 2008

Me siento extraño con una copa en la mano y contándole mi desastroso día a una completa desconocida. Intuyo que no le importa, que será una de esas veinteañeras buscando una noche de sexo con un desconocido, cansada tanto de los hombres como para dedicarse únicamente a uno. Egoista e inteligente decisión. Lo veo bien, si fuese mujer, haría lo mismo.

Además, es guapa. Una hermosa humana de ojos preciosos, hijos del mar, y cabello del atardecer. No comprendo como puede acercarse a un vidi que roza los treinta años. Estoy viejo, pero el alcohol no me deja ver la verdad. Me hechiza su sonrisa, y le narro mi fatídico día.

-Soy escritor y periodista. Desde niño he deseado escribir historias maravillosas, llenas de emociones, de aventuras… con al menos una pizca de originalidad…

<<Dos años. Tardé dos años de mi vida en escribir ese libro, de un género que yo bauticé como “fantasía”.

Hace cerca de dos semanas envié un par de copias de la obra a una editorial de Demie. Esta mañana me han llamado, pidiéndome que acuda en cuanto pueda al edificio para comunicarme su decisión. Poco después estaba allí, henchido de ilusiones, con una amplia sonrisa, nervioso como un padre primerizo. El libro era mi vástago intelectual.

Me condujeron a un despacho donde una vidi de mediana edad me recibió con cortesía. No me gustó la atmósfera que me rodeó: cuatro paredes cargadas de estanterías que representaban hitos de la literatura. Reinaba casi la oscuridad, quejumbrosa y siniestra, a pesar de ser medio día. El miedo era mi compañero. Mis labios saborearon algo amargo.

Las dos copias descansaban sobre la mesa. Detrás de ésta, la mujer alzó la voz:

-Siéntese, señor Ilned. -Tras obedecer, sus ojos se fijaron en mi con severidad. Entrelazó los dedos, dibujó dolor y compasión en su rostro, y dio su veredicto-: Lo sentimos, pero no vamos a publicar su libro. Después de leerlo, tres socios más y yo, hemos visto que no concuerda con nuestra filosofía. No solo eso, además, le falta un poco para ser un buen libro. Lo sentimos. Pero le animamos a que lo siga intentando.

Mi figura fue piedra unos segundos. Inerte sentido le vi a la vida. Cogí las dos copias, di media vuelta, con intención de irme…

Y justo entonces me di cuenta de una cosa.

-¿Qué le parece el final?

-Está bien elegido-contestó la mujer, sin arriesgarse en su criterio.

-¿Y que muera el personaje protagonista?

-Un poco precipitado, pero eso conmueve más al lector.

-Pues se va a conmover poco… No ha leído el libro, ¿verdad? Solo las primeras páginas parecen usadas.

La vidi, seria, me miró a los ojos furtivamente. Vio que en los míos no había piedad, sólo ira.

-Lo siento, pero su libro es demasiado… disparatado y extravagante-confesó.

-Es “fantasía”. Es novedad, originalidad…

-¡Por Dios! No sea ingenuo. Una cosa es originalidad, y otra pretender que al público le guste un libro centrado en un mundo imaginario donde la hechicería no existe, llevan a cabo sus guerras únicamente con tecnología, y lo más grave: ¡Habitado sólo por humanos!

-¿Porqué no? Estoy cansado de los tópicos: de los héroes, del poder del amor, de objetos todopoderosos, del morbo para llamar la atención, de la reiteración…

-Además, apenas usa recursos estilísticos… Y las pocas referencias que hace no son hacia clásicos de nuestra literatura, sino a películas, novelas gráficas…

-Tiene estilo propio, filosofía propia…

-Es una tontería que no se puede vender-estalló la vidi, desemascarándose por completo.

En ese momento lo comprendí todo. No importaba la calidad de mi libro, tuviese la que tuviese. El dinero mueve el mundo. En el ranking de libros la mayoría eran historias de amor, biografías de famosos, o sagas de estúpidos niños hechiceros. Presentar al mundo una historia de ciencia ficción diferente, tal y como se presentaba el panorama, era un suicidio.

Salí de allí dando un portazo.

Cuando llegué a casa, mi esposa me esperaba con una tímida sonrisa que no pude apreciar, convertida en consolación cuando observó mi rostro.

Me tumbé en el sofá y le comuniqué lo evidente, dejando las dos pesadas copias sobre el suelo, observando el cielo, llevándome una mano a la frente.

Ella se puso a mi lado, me abrazó, y comenzó a llorar.

-Hoy he ido al ginecólogo… y… y… soy estéril, cariño, no podemos tener hijos. Lo siento, lo siento mucho…-soltó sin más, pillándome desprevenido.

En ese momento sentí la necesidad de abandonarlo todo. Aspiré mi orgullo, mi egoísmo, la aparté de mi y me senté. Los dedos sobre mi sien indicaban un mundo que se estaba consumiendo, una ilusión.

Entonces cogí las dos copias, me levanté y dije:

-Voy a seguir intentándolo.>>

-…Durante el resto del día y hasta hace unos diez minutos he estado dando vueltas con el coche, buscando editoriales. Sólo hay dos más en toda Demie. Ambas me dijeron que no podían arriesgarse a vender libros tan grandes, de un género y un autor desconocido. Necesitaba refrescarme un poco, olvidarlo todo.

-Pobrecito.

La mujer, que había escuchado la historia con más interés del que jamás pensé que pudiera prestar, conduce una de sus delicadas manos hasta mi hombro. Pronto siento el tacto de su dulce piel sobre mi cuello.

-Y con tu mujer, ¿qué vas a hacer?

-No lo sé. Los dos teníamos la ilusión de tener niños. Pequeños vidis que encaminen sus vidas mucho mejor que el inútil de su padre.

-No digas eso, no eres inútil-me anima-. Eres muy simpático, y muy guapo también.

Giro mi rostro hacia el de la muchacha, y nuestras miradas se enfrentaron. Leo sus emociones, sus pensamientos, como un libro abierto. Repaso cada una de sus páginas, de sus párrafos. Ella sabe lo que estoy haciendo, y le encanta.

Me acerco a sus labios.

-Tú tampoco estás nada mal.