<!– @page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm } P { margin-bottom: 0.21cm } –>
Acaricio su rostro, siento su aliento. Tiemblo. Nace y crece el deseo. Rozo su boca con la mía. A mi mente vienen recuerdos, imagenes, de mi mujer, de mi familia. Mi corazón se congestiona.
¡No! ¡Fuera!
Necesito una venda que cubra lo que Dios me ha entregado. Necesito retarle. Si tanto me ama, ¿porqué me trata así? Si Dios me dio la libertad, ¿por qué me pide obediencia?
La beso. Me besa. Su lengua lucha contra la mía, en una liza de placer olvidado, en la magia del primer beso, en la magia de lo desconocido.
-Ven-me dice. Me coge de la mano y me arrastra afuera-. Quiero llevarte a un sitio…
Me sonríe pícaramente, mordiéndose el labio.
Me conduce hasta su coche, y me hace viajar a un lugar desconocido. Para mantenerme callado me acaricia la entrepierna. Casi siento su piel sobre mi sexo, y sin más, olvido el tiempo.
El coche se detiene. Ella presiona el claxon dos veces.
¿Cuál es el motivo?
Abro los ojos: La oscuridad me rodea. Una farola, a lo lejos, me hace ver que estoy entre tres paredes, como en un túnel.
-¿Dónde estamos?-pregunto con timbre nervioso.
-En la zona negra.
Ella sale del coche y silba. La excitación aferra mi corazón con fuerza. Algo extraño se irrita en mi interior. Abro la puerta. Salgo de mi prisión de metal, buscando el exterior.
Toda luz se apaga. La única salida se cubre de sombras. El terror, con su hercúlea fuerza, me derriba, cual león, con su cresta de fuego. Decenas de figuras me rodean.
Tales sombras son ciertas. Tales sombras de carne y hueso. Tales sombras son personas.
-Por favor, no tengas miedo, no vamos a hacerte daño. 7, 8, levantadle.
Abro los ojos. Varias manos se extienden hacia mí, abiertas, amables. Actuo con lentitud, pero al poco, de pie, veo a los que me han ayudado. Un humano y un vidi, con una máscara blanca, mostrándo un número en rojo. Dudo que sean mayores de edad.
La voz de la chica surge entre todas, a mi espalda, avanzando poco a poco, perdiéndose entre las sombras.
-Aquí tienes al periodísta. El hijo de puta piensa como todos, y lo peor es que está casado. Le pegaría una patada ahora mismo…
-Nada de patadas, 15.
Esos número, esas formas de aparecer, de proceder…
¿Será una banda urbana?
Soy periodista, y trabajo en un periódico escribiendo una columna de trescientas palabras sobre literatura, y en ocasiones de opinión. Por todo esto, gracias a varios compañeros he escuchado y visto fotos de diversas bandas, pero ninguna coincide con lo que se muestra ante mi. De hecho, uno de los motivos por los que no se habla de estas microsociedades se debe a que ellas ayudan a Demie desde hace un tiempo.
-¿Qué queréis de mi?
-Necesitamos tus dotes de periodista, y tu puesto columna-contesta quien parece ser el líder, una voz entre la oscuridad, acercándose poco a poco.
-¿Cómo?-pregunto incrédulo.
-Queremos que escribas sobre nosotros.
Es humano, de tono portentoso, recientemente adulto. Es compasivo, pero pasional. En su máscara no hay número.
-Queremos darte información para que tu columna refleje lo que nosotros pensamos acerca de esta sociedad, de nuestra sucia Demie. Queremos que inundas el diario de nuestra ideología, queremos que manipules la mente de esos perdidos. Queremos fuerza, contundencia, ¡la ciudad en nuestras manos!
-Eso es una locura… puedo llegar a perder mi trabajo…
-No lo perderás.
-Nadie me hará caso. Habrá sido una perdida de tiempo. Mi voz es muy débil.
-Serás un virus. Diminuto pero mortal.
¿Y si tienen razón? ¿Y si pueden hacer que todo cambie? No, ¡por Dios! ¿Qué estoy pensando?
-Habrá recompensa-¿Recompensa? Afino mis sentidos-. Tu libro será publicado.
Eso ya es otra cosa.
-¿Cómo podéis hacer eso?
-Tengo poder.- Y ninguna de las palabras que dijo hasta entonces habían parecido tan ciertas.
Publicado por yonamoe